29 may 2011

El humo que murmuro...

Lo tomo con discreción.
Lo observo varias veces hasta convencerme si es el mejor momento.
De la manera más sutil lo sostienen mis labios esperando que llegue la llama que encenderá el disfrute.
Cualquier peatón que transite por mi habitación puede olfatear el humo de lo dañino, el humo de la culpa, el humo de lo indebibo... pero el cenicero ocultará este crimen y el incienso confundirá cualquier nariz.
Un cigarro seductor, que es mi consuelo en los días de lluvia cuando recuerdo que no tengo estufa y engañosamente ofrece abrazos cálidos en mis ya comunes noches de soledad.

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